Una noche fría y lluviosa, San Alberto Hurtado - un pobre hombre con amigdalitis aguda, tiritando, en mangas de camisa, que no tenía dónde refugiarse-. Su miseria lo estremece y pocos días después, dando un retiro para señoras, y sin haberlo previsto, habla sobre la miseria que hay en Santiago y la necesidad de caridad: - Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo, acurrucado bajo los puentes, en la persona de tantos niños que no tienen a quién llamar padre, que carecen hace muchos años del beso de una madre sobre su frente…
¡Cristo no tiene hogar! ¿No queremos dárselo nosotros, los que tenemos la dicha de tener hogar confortable, comida abundante, medios para educar y asegurar el porvenir de los hijos? ‘Lo que hagan al más pequeño de mis hermanos, me lo hacen a Mi’, ha dicho Jesús- Y así, nace la idea de fundar el Hogar de Cristo. A la salida del retiro, recibe las primeras donaciones, un terreno, varios cheques y joyas, de parte de las señoras presentes.
En mayo de 1945, el Arzobispo de Santiago, Monseñor José María Caro bendice la primera sede del Hogar de Cristo y al año siguiente se inaugura la Hospedería de la calle chorrillos. Poco a poco, el Hogar de Cristo crecerá a niveles admirables, prestando un inestimable servicio a los más pobres y creando una corriente de solidaridad que ha superado nuestras fronteras. |