Antes
de los 3 años, desde el punto de vista
cognoscitivo y afectivo, el niño no comprende
el significado de la muerte.
De los 3 a los 5 años, considera la muerte
como un evento temporal, reversible, una especie
de sueño prolongado.
De los 5 a los 9 años el niño
percibe la muerte como un acontecimiento definitivo
que sucede a los demás, no a él.
De los 10 años en adelante, sabe que
es un hecho inevitable para todos.
Es importante que los hijos adolescentes y jóvenes
participen de los funerales “sepultando”
al ser querido, diciendo adiós, expresando
cariño, “poniéndolo en manos
de Dios para que con El sea feliz y descanse”,
prometiendo que saldrán adelante en familia.